El Abadengo

El Abadengo es una comarca situada en el cuadrante noroccidental de la provincia de Salamanca y la constituyen los siguientes doce municipios :

  • Ahigal de los Aceiteros

  • Bañobárez

  • Bermellar

  • Cerralbo

  • Fuenteliante

  • Hinojosa de Duero

  • Lumbrales

  • Olmedo de Camaces

  • La Fregeneda

  • La Redonda

  • San Felices de los Gallegos

  • Sobradillo.

Al norte limita con la comarca salmantina de "Las Arribes", al sur con las tierras de Ciudad Rodrigo, al este con la comarca de Vitigudino y al oeste con Portugal.

En los tiempos actuales la comarca del Abadengo es, ante todo, una entidad geográfica y administrativa que se corresponde con la "Mancomunidad de Abadengo", con una extensión aproximada de 552 km². Perteneciente al partido judicial de Vitigudino y al obispado de Ciudad Rodrigo.

Está delimitado por los ríos Yeltes-Huebra por el Norte, Duero por el Oeste, Huebra por el Este y Águeda por el Sur y Oeste. Otros ríos y arroyos que avenan la comarca son: Camaces, Froya, Campilduero, Morgaez y Cantarranas. Todos ellos se encajan profundamente en el terreno para llegar a los 130 metros de altitud que tiene el muelle de Vega Terrón, donde confluyen el Águeda y el Duero.

El territorio tiene dos grandes grupos orográficos diferenciados. La mitad sur con un paisaje ondulado que va decreciendo según nos acercamos al Águeda (Bañobárez 743m. y Sobradillo 641m.) y con algunas elevaciones, La Berzosa 826m., Picón Bogajo 794m. y el Cerro de San Jorge 826m. Y la mitad norte mucho más accidentada por el encajamiento del Duero, que obliga a sus afluentes Huebra y Camaces a encajarse profundamente en el terreno formando cachoneras o saltos. Además del Puerto de la Molinera está el Moncalvo, la Cabecina y la Peña de la Vela. Hay que destacar la belleza del paisaje, que nos sorprende con escarpadas laderas y profundos cañones, causados por la acción milenaria de los ríos.

Así mismo, hay que resaltar sus bosques interminables de robles, quejigos, endrinos y encinares, que junto con los olivares, almendrales y la pureza cristalina de sus aguas salvajes, convierten al Abadengo en una reserva vegetal y animal donde es muy fácil encontrar, por su abundancia, zorros, jabalíes, castores, nutrias, conejos, perdices, alimoches, ginetas, galápagos, águilas, buitres leonados, garduñas o gatos monteses.

La climatología en esta comarca es más suave que en el "Campo de Salamanca", debido principalmente a su menor altitud (alrededor de 600m. frente a los 800m. de la provincia) y a su proximidad con el Atlántico.

Los inviernos son cálidos, con una media en torno a 6º C en el mes más frío (Enero) y sus veranos son calurosos, con medias alrededor de 28ºC en los meses de Julio y Agosto.

La pluviosidad es más abundante que la media provincial, con unos 700mm. anuales de precipitaciones en forma de lluvia. Las heladas son desconocidas en gran parte del territorio, lo que propicia cultivos semitropicales como naranjos, limones, etc.

Los suelos son pobres, con una cubierta vegetal escasa sobre basamentos de granito y de pizarras que afloran por todas partes. Así se explica que el 40'5% de su territorio se dedique a pastizales, el 17'6% sean bosques, el 14'2% se dedique a caminos, construcciones, etc..., y sólo el 24'7% sea tierra cultivable. Otro dato significativo es que la superficie que se dedica a cultivos de regadíos únicamente es de 42 Has.

El paisaje que resulta es muy variado, imponiéndose los pastizales y el monte, lo que le da su aspecto agreste, destacando las desconocidas y bellas "Arribes del Águeda".

Un sector en el que destaca claramente esta zona es en el ganadero, contando con una importante cabaña de ganado vacuno y porcino (Sur y Este) y lanar (Norte). La leche de oveja proporciona la materia prima para un extraordinario y sabroso queso artesanal de fama reconocida, no sólo en Salamanca, sino en toda España.

Demográficamente esta zona ha conocido una de las mayores catástrofes de la provincia. Desde mediados de siglo ha ido perdiendo población, debido a unas fortísimas migraciones de tipo económico, que han reducido a la mitad el número de sus habitantes. Si en 1.950 el Abadengo contaba con 11.874 habitantes, en 1.991 sólo le quedaban 5.251 y continúa descendiendo. Además hay que pensar que aproximadamente el 30% de la población tiene más de 65 años, lo que nos lleva a entender el porqué del crecimiento natural negativo de esta zona.

Este aspecto es gravísimo, porque contamos en el Abadengo con una densidad media de población por debajo de 10 habs/km², límite que se considera internacionalmente para señalar a una zona como despoblada.

Las actividades industriales y turísticas son escasas, reduciéndose a unas pequeñas industrias agroalimentarias (elaboración de queso de oveja), bares, restaurantes, comercios y talleres que cubren las necesidades de la zona.

El Abadengo puede presumir de un rico y extenso patrimonio histórico, artístico, monumental y cultural, fruto del paso de diferentes culturas. Pinturas y grabados rupestres, talleres neolíticos y dólmenes son algunos de los vestigios prehistóricos. La cultura vetona ha dejado gran número de restos en castros y verracos, y la romana se hace visible en las calzadas, vías o estelas funerarias.

Iglesias, ermitas, antiguos monasterios, conventos, llamativos cruceros de piedra, fortificaciones, murallas, castillos y torres de vigilancia, palacios y casas señoriales, constituyen un legado secular de miles de años que puede ser contemplado en los diferentes municipios de la comarca.

Una de las grandes obras realizadas se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, la construcción de la línea férrea de Salamanca a Oporto, en la que miles de obreros tuvieron que horadar en la roca 20 túneles y salvar los desniveles del terreno con nueve puentes, sobre todo en el tramo final de La Fregeneda.

A esta enorme riqueza patrimonial se suma como contrapunto el contar con el Parque Natural de Arribes del Duero, que supone un conjunto de altísimo valor medioambiental.

Los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han vivido en esta tierra han legado un sinfín de tradiciones y celebraciones, algunas de las cuales conservan ritos y costumbres ancestrales, exclusivas de esta zona. A los típicos encierros y corridas de toros, a veces en plazas de carros, se añaden bailes de la bandera, bailes tradicionales, subastas de roscones, procesiones, fiestas de madrinas, romerías, carreras de cintas, hornazos campestres y hogueras de ramas de jumbrio (enebro) para rendir homenaje a los santos, a la Virgen María o a Jesús en forma de crucificado o nazareno, patronos sempiternos de estas tierras.

Junto a estas tradiciones ha llegado hasta hoy una interesantísima arquitectura popular basada en la piedra arenisca o la pizarra. Pero sobre todo en el granito aprovechando los recursos naturales. No sólo se aprecia en las propias viviendas sino también en otras construcciones, como vistosas portadas o portales, corrales, chozas, casitas, tenadas, lavaderos, fuentes, cercas y puentes, pontones y molinos a lo largo de sus numerosos ríos, arroyos y riveras.

A todo esto hay que añadir una extensa, exquisita y variada gastronomía, herencia también del paso de los tiempos. Así tenemos desde la calidad de los embutidos de carne de cerdo, en ocasiones hechos con las viejas recetas de las matanzas tradicionales, pasando por la carne de ternera, cabrito o cordero hasta los excelentes quesos de leche de oveja, los llamativos hornazos y los no menos gustosos dulces típicos como mantecados, perronillas, repelaos, flores, obleas, roscas, queso de almendra....

Para el futuro viajero las épocas ideales para visitar esta zona son primavera y otoño. En primavera, la vegetación adquiere los tonos más hermosos a causa de la floración de sus variadas plantas, mientras que en otoño, predomina en sus campos el amarillo-morado de las hojas de sus numerosos viñedos después de la vendimia.

Un poco de Historia

Lumbrales ya aparece como centro de la comarca en el siglo XVII y es en el siglo XVIII cuanda este territorio se registra, con el nombre de Abadengo en el Catastro de Ensenada. También se sabe que hasta 1.812 (año de la abolición del régimen señorial), el obispo de Ciudad Rodrigo, el Duque de Alba, el marqués de Cerralbo y otros, tenían la jurisdicción sobre las villas del Abadengo. El obispo era quien nombraba el alcaide de la cárcel de Lumbrales.

Se entendería por "abadengo" un territorio bajo jurisdicción eclesiástica al frente del cual habría un abad. Pues bien, suele admitirse, siguiendo la "Reseña histórico-artística de la provincia de Salamanca" del padre César Morán, que Lumbrales y su territorio se llaman El Abadengo por haber pertenecido a los Templarios, que tenían aquí un abad, a quien apodaban "el abadón". Al desaparecer esa orden en 1.312, pasó el Abadengo a depender del obispado de Ciudad Rodrigo.

El caso es que los pueblos del Abadengo nunca formaron parte de los sexmos mirobrigenses sino que se constituyeron en villas exentas con jurisdicción ordinaria propia dependientes del prelado civitatense. La Fregeneda se constituyó en villa de realengo en el siglo XVI. Villas de señorío secular fueron Cerralbo, Hinojosa de Duero, San Felices de los Gallegos (con sus anejos de Ahigal y Barba de Puerco, hoy Puerto Seguro) y Sobradillo. Bermellar, Lumbrales y La Redonda siguieron siendo señorío episcopal hasta la supresión de los señoríos. El resto de los municipios (Bañobárez, Fuenteliante y Olmedo de Camaces) pertenecían al Campo de Camaces, uno de los sexmos de Ciudad Rodrigo, y no formaban parte del Abadengo.

Los avatares históricos y las luchas fronterizas entre Castilla y Portugal hicieron que estas tierras quedaran sobre una y otra corona, pasando definitivamente a Castilla en la época de Enrique IV. Puede decirse que ya en el siglo XV las fronteras estaban totalmente delimitadas. Como recuerdo de aquellas luchas permanecen inhiestas las torres de los castillos de San Felices de los Gallegos y de Sobradillo.

El poblamiento, según los datos de que se dispone, data de miles de años, como lo atestiguan los dólmenes que se han encontrado. Pero será en la Segunda Edad del Hierro, en torno al año 500 a.C., cuando conocerá una gran expansión, como se puede comprobar por los castros, los verracos, las necrópolis, las construcciones, las estelas y todo tipo de materiales y utillaje. Los pobladores de entonces fueron los vetones.

Con la invasión musulmana se produce un vacío, que terminará con la Reconquista medieval, repoblándose la zona definitivamente y dando comienzo a las diferentes construcciones románicas, góticas o barrocas que hoy podemos disfrutar.

Mancomunidad

En el año 1992, los 12 municipios de la Comarca del Abadengo, decidieron, para la prestación de servicios y la realización de obras de interés común, constituir la Mancomunidad Comarca del Abadengo.

Posee duración indefinida en el tiempo, gozando de personalidad jurídica propia, con consideración de Entidad Local. Su capitalidad reside en el municipio de Lumbrales, siendo actualmente su presidente el Excmo. Señor Alcalde-Presidente de Lumbrales, D. Pedro Sánchez Calderón.

En el conjunto de sus 12 municipios, residen actualmente un total de 5.072 habitantes. Los recursos de la mancomunidad provienen fundamentalmente de las aportaciones que anualmente realizan cada uno de los municipios, en función de su población.

Las principales competencias que residen en la mancomunidad son :

  • Recogida y tratamiento de residuos sólidos urbanos.

  • Cualquier otro servicio de competencia municipal, sin que pueda asumir la totalidad de las competencias asignadas a los respectivos municipios.

Ayuntamiento de Lumbrales

Plaza Mayor, 1. 37240 Lumbrales (Salamanca)

Teléfono: 923 51 20 02 - Fax: 923 51 21 61

Correo electrónico: ayto.lumbrales@outlook.com