El dolmen de la Navalito

Una vez hecho un primer recorrido por las calles y lugares más característicos del pueblo, podemos realizar una visita a sus alrededores. Partiendo de la abandonada estación del ferrocarril y de la siempre enigmática y contradictoria belleza de sus vías muertas, declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en el año 2000, nos dirigimos hacia las piscinas municipales, en el camino de la antigua mina de estaño.

Dejando a la derecha las piscinas, donde podemos entrar a darnos un chapuzón si la ocasión y el tiempo lo permite, llegamos a un valle donde todavía se levantan algunas piedras de un milenario dolmen megalítico, conocido como El dolmen de la Navalito, a sólo tres kilómetros de la villa, que sitúan en el segundo milenio antes de Cristo a los primeros pobladores de Lumbrales.

En esa época se desarrolló la cultura megalítica occidental, caracterizada especialmente por la dedicación de sus gentes a la agricultura, la ganadería y la prospección metalúrgica. Los dólmenes eran grandes losas de piedra que formaban parte de sus sepulcros y sus ritos funerarios.

A principios del siglo XX el profesor don Manuel Gómez Moreno observó el monumento prácticamente completo, con siete lanchas que formaban una cámara de aproximadamente 3'50 metros de diámetro con un corredor orientado al Este de 1,03 metros de anchura y 4,70 metros de longitud.

En 1931, de acuerdo con la descripción de Morán, varias losas de la cámara estaban ya fracturadas. Actualmente sólo se observan cuatro losas de aquélla y una de corredor, aunque posiblemente exista alguna más enterrada.

Una de las losas de la cámara, presenta varios cruciformes grabados en su cara interior y otra tres cazoletas en la parte superior, mencionadas por López Plaza. En las excavaciones realizadas por César Morán se obtuvieron cuentas de collar de piedra y restos romanos, fundamentalmente fragmentos de tégula.

 

 

Los dólmenes son monumentos funerarios fechados en torno al cuarto y tercer milenio antes de Cristo. Pertenecen, por tanto, a los períodos Neolítico y Calcolíticos. En ellos eran enterrados los difuntos de forma individual o colectiva, lo cual permite, cuando aparecen, encontrar sus restos enteros. Junto a ellos, en la cámara del dolmen, se colocaba el ajuar que les acompañaría al más allá.

El Abadengo (Lumbrales, con 5 monumentos datados, Fuenteliante con 4, Olmedo; Sobradillo, Hinojosa, La Redonda y un poco más allá Villavieja y Pozos de Hinojo) y las comarcas de Ledesma y parte de la Alba de Tormes registran el mayor número de dólmenes -o sus túmulos- descubiertos hasta ahora, y pertenecientes a una cultura, la megalítica, poco estudiada.

Estado del Dolmen de la Navalito a principios del siglo XX
y en la actualidad

En Lumbrales, además de dolmen de La Navalito, hay otros tres catalogados, si bien apenas queda rastro de ellos: LUMBO DE VALDEVANCHO, en las inmediaciones del Prao Barreña de Lumbrales. PRADO EN POLO, en el camino viejo a San Felices de los Gallegos. Y PRADO DE LOS HITOS, en un lugar próximo al anterior.

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